viernes, 3 de mayo de 2013

historias del cerro macera

Recuerdos acerca de la toma del cerro Macera Aproximadamente en el verano del año 1998,Febrero si mal no recuerdo, empezó a circular un fuerte rumor aparentemente a raíz de la muerte del ultimo descendiente directo del dueño del terreno, en el cual se ubicaba el cerro Macera. Comenzó a creer la gente que en vista de aquello, ésos terrenos pasaban a ser terreno de nadie .A alguien se le ocurrió la genial idea de tomarse ese terreno, tal cual se hizo muchas veces en el pasado ,por distintas motivaciones y con distintos resultados. Primero alguien hizo acto de presencia, con unas sogas improvisadas marcó unos cuantos metros y soberanamente dijo…¡¡esto es mío¡¡ Bastó eso para que los demás se envalentonaran y se animaran también a subir el cerro y comenzaran a tirar líneas para los deslindes de su futura posesión, luego el colonizador, solía, brazos en jarra, en medio de aquel escuálido botín sentirse satisfecho del avance de su obra .Cada día que pasaba los “propietarios” aumentaban como mala hierba. Podía verse desde la lejanía las divisiones señaladas provisoriamente con estacas, comenzó también aquella gente a hacer turnos para cuidar a toda hora los metros cuadrados ganados con tanto esfuerzo. Este cerro estaba ladeado como todos los cerros y no era apto para construir, los vecinos se apuraron en aplanar el talud de la colina, cada uno aplicó la técnica que le pareció apropiada. Desde lejos la colina apetecida parecía un paisaje surrealista, se veía como el cerro había sido masticado con apuro de hambriento. Todo esto sucedió en apenas un par de semanas, pero el invierno se acercaba a pasos agigantados, empezó la gente a armar chozas bien precarias con nylon, ramas, planchas de zinc, y cuanto material podía obtener Pasaron los meses y finalmente llegaron las lluvias (fue uno de los peores inviernos en décadas). Algunos cejaron en su empeño, pero la gran mayoría se mantuvo porfiadamente en su lugar, guarecidos bajo unas precarias latas o carpas de nylon. En verdad aquellas personas daban lástima, pero ellas perseguían un sueño y nadie ni nada podía convencerlos de lo contrario. Luego de meses interminables….las lluvias terminaron y al llegar mejor tiempo se decidió empezar a construir algo más firme y solido. Comenzaron los trabajos, principalmente en carpintería. Asomàronse las bases y pilotes, cerchas y tabiques. Algunos más audaces construyeron más de un piso, otros le agregaron chorezas, tales como balcones, aleros, marcos de aluminio, etc. Al mismo tiempo los líderes definían y señalizaban por dónde pasarla la calle principal y sus calles aledañas. Se formó finalmente una verdadera ciudadela, un barrio en las alturas; desde lejos no se percibía casi ningún sitio baldío y todo pareció consumarse ante la pasividad de las autoridades de la época. Convocaron los dirigentes a un mitin y se decidió llamar a la nueva población “villa cerca del cielo”, un poco apunados por la altura, pero felices de salirse con la suya. Lejos de ahí, la parentela lejana del viejo macera, alarmada por las noticias circulantes planeaba su ofensiva legal. Premunidos de sus derechos consuetudinarios y resquicios legales alegaron ante el juez por tamaña injusticia. La autoridad les dio la razón y se dispuso a actuar para resguardar el marco legal vigente. Decidió el juez que aquellos no eran los tiempos en que imperaba la ley de la selva y que había que actuar en conciencia, dar un golpe de efecto, pues nadie podía estar sobre la ley. Muy pronto irrumpía la fuerza pública en aquella toma ilegal, haciendo efectivo el desalojo. Hubo connatos de rebeldía, forcejeos, llantos y súplicas, mas la autoridad se mantuvo inflexible en su determinación. Los vecinos se vieron resignados a desarmar obligadamente lo que habían levantado con su sudor y esfuerzo. Villa cerca del cielo fue lentamente quedando abandonada y sin moradores, los restos de materiales desperdigados en sus laderas, las muescas de movimientos de tierra, daban cuenta de una historia recientemente acaecida.